viernes, 31 de octubre de 2025

El árbol de palta

–Buen día, vecino. ¡Qué linda mañana, ¿no?!!

–Sí. La verdad… ¡Hermosa!

–¿Haciendo un poco de jardinería?

–Un poco… ahora que se puede salir a la vereda, estoy aprovechando para despejar la maleza. Voy a podar esta parte del paraíso para hacer espacio y plantar otro árbol.

–Este quedó muy lindo. ¿Qué es? ¿Un limonero?

–No. Es un pomelo rosado… se llama Star Ruby, es la especie más común de pomelo.

–No tan común para una vereda.

–Tiene razón. Limones, naranjas, incluso hasta mandarinas vi por el barrio, pero pomelos no. Tal vez por eso se me ocurrió plantar uno. En realidad, es el segundo. El primero lo planté el año pasado, antes de la pandemia, en un macetón en la terraza, y se me murió. No sé si por exceso de agua… fue un año muy lluvioso… o porque le daba el sol en todo momento… La cuestión es que se me secó, y me quedé con las ganas. Por eso este es como una revancha, que, por las dudas, para asegurarme que prenda, lo planté aquí abajo, en la vereda.

–Bueno, si aguanta el clima de la zona, seguro que va a prender. La palta le agarró muy bien. ¿Cuántos años tiene ya?

–Así grande como la ve, hace menos de 10 años que la planté. Y hace como tres temporadas que ya da frutos.

–Dígamelo a mí… El otro día tuve que echar a unos vagos que le estaban robando las frutas. Vinieron con una caña como de dos metros y un balde de veinte litros, los sofisticados. Toda una ingeniería de recolección de paltas, como si se tratase de profesionales. Si usaran esa creatividad para laburar, seguro que estaríamos mejor que Australia.

–Pero no, hombre. ¿Por qué los corrió?

–Porque le estaban afanando sus frutos… No le digo que vinieron con un balde de esos de pintura, de 20 litros. Estaban arrancando todas las paltas. Le estaban pelando el árbol.

–Déjelos. La próxima vez, que se lleven todo lo que quieran.

–Pero no le iba a quedar nada para usted.

–A mí no me gusta la palta.

–¿Y para qué plantó ese árbol, entonces?

–Porque son frutas caras. Para tener gratis y regalarlas.

–Bueno… por eso… ¿A quién les iba a regalar? Si se la estaban llevando todas.

–A cualquier persona que quiera paltas y las saque del árbol.

–Pero ellos eran dos y se la estaban llevando todas. ¿Sabe usted que las venden en la estación del tren? Me dijeron… somos laburantes… los atorrantes. Se las llevan gratis y las venden. No se las llevan para comer, las venden por unidad… y son caras. Se las llevan gratis y las venden.

–¿Y cuál es el problema?

–Si usted las va a regalar… por lo menos que se lleven, como máximo, dos cada uno, para comer. Y que les dejen a otras personas que no puedan comprar, para que también se puedan llevar gratis algunas frutas. Pero se querían llevar todas y venderlas.

–Es un rebusque. Seguramente esos chicos no la están pasando bien. Y vender unas paltas les permite asegurarse, por lo menos, ese día poder comprarse algo para comer.

–Seguramente con esa plata comprarían drogas.

–¿Usted los conoce?

–No, pero… usted tampoco. ¿Cómo sabe que no van a usar la plata para drogarse o comprar vino?

–No lo sé. Tal vez sí. Pero después de todo es su plata.

–Pero no. La plata es suya. Son sus paltas, que ellos se las llevan gratis y después las venden, no le digo.

–Ellos las venden como el verdulero las vende. Es un trabajo legítimo, honesto. No veo por qué usted piensa que el dinero no es de ellos. ¿Por qué se llevaron las paltas gratis? Vender es un trabajo. Hay que estar todo el día sentado al sol, en la barrera, esperando que les compren las frutas. No se venden solas… Hay que ofrecerlas… y la mayoría de la gente pasa por al lado y ni los mira… Después de todo, quién les compra, si quisieran, podrían pasar por acá, que estamos solo a cuatro cuadras de la estación, y llevarse todas las que quieran, gratis, como ellos. Pero si no quieren molestarse en esforzarse en sacarlas y están dispuestos a pagar, para ahorrarse la molestia… Bueno, ahí tiene… ese es el laburo por el cual ganan su dinero. La plata no es mía, es de ellos.

–Pero… ¿Y si compran drogas? Yo no quisiera ser cómplice de ellos. Porque indirectamente… aunque la plata sea de ellos, las paltas son suyas… Usted les permitió que se la lleven gratis.

–No hombre… ¿Por qué he de sentirme cómplice? Si ni siquiera las paltas son mías. Están en la vereda. Yo solo planté el árbol y lo riego de vez en cuando… la lluvia hace el resto. Además… los jóvenes son adultos, es su responsabilidad lo que hacen con su dinero, lo que hacen con sus vidas.

–Está bien… pero de alguna manera, como frentista… como un vecino de bien… usted está fomentando la vagancia… Yo no quisiera cargar en mis hombros esa responsabilidad.

–Mire… usted y yo somos personas muy distintas… por lo menos por dos grandes razones. Primero porque usted no conoce a esos jóvenes y presupone que son vagos, que eligen vender las paltas porque es una manera fácil de obtener dinero, que no tienen un trabajo formal porque no quieren o no buscan, y que malgastan su dinero y se autodestruyen. Y en cambio yo, presupongo que no tuvieron una vida fácil, que hacen lo que pueden, que no confían en nadie que les dé una mano porque están llenos de desencanto y desamparo y aun así eligen dejar de lado el resentimiento que engendra violencia, y sentarse en el piso y ofrecerle paltas a los oficinistas que bajan del tren. Y el segundo motivo que nos hace distintos es que mientras usted, ante la duda, prefiere no hacer nada para no sentirse responsable, yo… que no como paltas, fui a un vivero y elegí un árbol de palta en vez de un naranjo, con lo que me gustan las naranjas, sabiendo que tarda más de siete años en dar fruto, y sin embargo lo planté, a mi edad, con la esperanza y satisfacción de saber que alguien lo va a disfrutar… Espéreme un minuto, que voy a buscar unas paltas que saqué ayer, para que le lleve a sus hijos. ¿Usted come paltas?

–Sí, gracias… pero no hace falta. Yo puedo comprarles a mis hijos las frutas que quieran. Le agradezco mucho, pero mejor guárdelas para alguien que no tenga dinero. Me tengo que ir a hacer las compras. ¡Que tenga un buen día!

–Adiós vecino. Que tenga un buen día usted también.

© Antología tardía. Volumen 1. Cuentos in Correctos

Autor: Fernando Bustos Odzomek
Editorial: DUNKEN
Año de publicación: 2023
Lugar: Ciudad Autónoma de Buenos Aires
ISBN: 978-987-85-2886-1
Páginas: 120
Género: Cuentos / Utopías / Revoluciones / Protestas / Militancias / Conflictos sociales
Formato: Digital (reimpresión en proceso 2026)
Disponibilidad: Autor sin intermediarios → jubileo21@gmail.com

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